Bluro
Pequeñas historias de los Husdanos

Valor sentimental

Angela estaba viviendo una situación económica difícil cuando decidió llevar alguna de sus pertenencias más preciadas a "la máquina que transforma los objetos que tienen un alto valor sentimental en dinero".

La máquina no se equivoca, las compuertas se abren y un portal en forma de espiral comienza a brillar.
Al introducir la pieza, el vórtice lo absorbe y lo convierte en dinero. Mientras mayor sea el lazo afectivo con el objeto, la paga será más importante.

La muchacha recordaba algunos rumores sobre personas que habían mejorado su vida al usar la máquina, mientras observaba como un mendigo que estaba delante de ella, introducía unos palitos que había recogido de la calle.
El resultado eran apenas seis monedas que no servían para nada.
Existían algunas reglas para usar el artefacto; solo se podían depositar tres objetos por día y si alguien era obligado a introducir un objeto, la maquina lo detectaría y la paga sería miserable.
Angela había llevado un prendedor que le había regalado su difunta madre, al introducirlo recibió 455 monedas. Un paga bastante buena para los Husdanos, ya que suelen ganar eso trabajando una semana.

Su segundo objeto era una muñeca que guardaba desde su niñez que solo la recompensó con 120 monedas. Cuando recogía la paga con una mano, con la otra frotaba con fuerza un collar que parecía una reliquia familiar.
Se mantenía titubeante e inmóvil frente al portal que brillaba con luces violetas. El giro en forma de espiral la mantenía hipnotizada.
Inesperadamente dejó el collar en el suelo y se abalanzó hacia dentro del portal.
Su cuerpo fue absorbido y un refusilo de luz verde tiñó las luces. Las puertas del artefacto se cerraron y el sonido de la alarma que avisaba que el pago se había efectuado terminó por concluir la secuencia. Las personas que estaban detrás de la fila estaban absortos y sorprendidos.

Cautelosamente se acercaron al buzón de pago y un hombre tomó en su mano la paga y le propuso al resto de la fila que se repartiesen el botín.
Su sorpresa fue mayor al ver que cuando el hombre abrió su mano, solo había dos monedas.
El amor propio que Ángela se tenía valía incluso menos que el de unos palitos encontrados en la calle.

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