Tres universos que me inspiran: Hereditary, Donnie Darko y Twin Peaks
- Matías Bluro
- hace 1 día
- 3 min de lectura
Hay obras que me gustan y otras que se quedan viviendo en algún lugar de mi cabeza. No necesariamente porque quiera imitarlas, sino porque construyen mundos con reglas propias. Mundos incómodos, extraños, a veces absurdos, donde algo parece estar siempre fuera de lugar.
Hereditary, Donnie Darko y Twin Peaks son muy diferentes entre sí, pero comparten algo que me interesa especialmente: ninguna explica del todo su universo. Las tres dejan espacios vacíos, zonas oscuras donde el espectador tiene que completar lo que falta.
Y creo que es justamente ahí donde aparece la inspiración.
Hereditary: el horror dentro de lo cotidiano
Lo que más me interesa de Hereditary no es el terror sobrenatural. Es la sensación de que algo terrible ya estaba presente antes de que comenzara la película.
La casa, la familia, las miniaturas, los silencios incómodos. Todo parece normal y, al mismo tiempo, completamente enfermo.
Visualmente me inspira esa construcción del espacio casi como una maqueta. Los personajes parecen pequeñas figuras atrapadas dentro de habitaciones demasiado ordenadas, observadas por algo que no pueden ver.
También me interesa cómo trabaja con el cuerpo: el gesto deformado, la violencia repentina, la transformación física. Hay algo grotesco pero profundamente humano en todo eso.
En mi trabajo aparece muchas veces esa misma búsqueda: tomar algo reconocible y desplazarlo apenas. Una figura, un rostro, un cuerpo. No destruirlo completamente, sino llevarlo hasta un punto en el que todavía podamos reconocerlo y, justamente por eso, resulte más incómodo.
Donnie Darko: crecer sintiendo que algo no encaja
Donnie Darko tiene una cualidad que siempre me resultó magnética: parece existir entre varios géneros sin pertenecer completamente a ninguno.
Es una película adolescente, una historia de ciencia ficción, una película sobre la muerte y también una especie de sueño paranoico.
Pero lo que más me inspira es su atmósfera.
Los suburbios perfectos, la escuela, las familias aparentemente normales y, en medio de todo eso, un conejo gigante anunciando el fin del mundo.
Esa combinación entre lo cotidiano y lo absurdo me interesa muchísimo. La idea de introducir un elemento imposible dentro de un universo completamente reconocible y actuar como si, de alguna manera, siempre hubiera estado ahí.
También está la sensación del tiempo. Los ciclos, las repeticiones y la posibilidad de que todo esté avanzando hacia algo inevitable.
En mi escritura me interesa trabajar con mundos que funcionan de esa manera: lugares que parecen tener reglas claras hasta que aparece una grieta. Y detrás de esa grieta hay otra lógica.
Quizás más absurda.
Quizás más oscura.
Pero también más interesante.
Twin Peaks: la belleza de no entenderlo todo
Si tuviera que elegir el universo que más representa mi forma de entender la creación, probablemente sería Twin Peaks.
Me interesa su libertad.
Puede ser policial, melodrama, comedia absurda, terror y sueño dentro de una misma escena. Puede presentar algo completamente ridículo y, segundos después, transformarlo en algo profundamente perturbador.
Pero sobre todo me inspira su relación con el misterio.
No todo necesita explicación.
De hecho, muchas veces explicar demasiado destruye aquello que hacía interesante una idea.
En Twin Peaks, los espacios, los objetos y los personajes parecen contener significados que nunca terminamos de comprender completamente. Una cortina roja. Un piso geométrico. Un bosque. Una habitación. Un gesto.
Las imágenes no están ahí únicamente para ilustrar una historia. Tienen vida propia.
Esa idea atraviesa mucho mi trabajo. Tanto cuando pinto como cuando diseño o escribo, me interesa que exista algo que no pueda explicarse inmediatamente. Una imagen puede funcionar por asociación, por intuición o simplemente porque produce una sensación difícil de nombrar.
Y eso también es sentido.
Crear mundos antes que respuestas
Creo que estas tres obras me inspiran por la misma razón: construyen universos antes que explicaciones.
Me interesa el arte que deja una puerta abierta.
Una película, una pintura, un libro o una identidad visual no tienen por qué entregar todas las respuestas. A veces alcanza con crear una atmósfera lo suficientemente potente como para que alguien quiera quedarse un rato dentro de ella.
Hereditary me inspira por su incomodidad física y familiar. Donnie Darko, por su melancolía y su extrañeza. Twin Peaks, por su libertad para mezclar belleza, humor, terror y absurdo sin pedir permiso.
Son obras muy distintas.
Pero las tres me recuerdan algo que intento aplicar en mi propio trabajo: lo extraño funciona mejor cuando nace dentro de algo que creemos conocer.
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